sábado, 13 de diciembre de 2008

Matemos al soñador

Matemos al soñador… entonces veremos en que van a parar sus sueños.

Estas son unas palabras escritas en la Biblia, dirigidas a un auténtico soñador, a un hombre de la antigüedad casi un niño José se llamaba, hijo de un patriarca, Jacob.

Sus sueños le llevaron a salvar no sólo a la potencia mundial de su día sino a todos los pueblos circunvecinos de una crisis económica grave que duró siete años, durante los cuales a causa de ser previsor en los años anteriores organizó un gran acopio de víveres, en particular grano que les ayudó a sobrevivir, socorrer a los restantes pueblos y aún les sobró. Estas palabras citadas en el encabezamiento las pronunciaron sus propios hermanos de padre que le llegaron a odiar, lo vendieron como esclavo y terminó llegando a ser tan importante como el primer gobernante mundial de su época en Egipto. Esta sentencia no se realizó para propio bien de los que la pronunciaron pues en esta crisis salvaron su vida.

Ahora estas palabras rezan sobre la placa conmemorativa en el exterior del hotel donde asesinaron a ese hombre bueno llamado Martín Luther King, otro soñador. De hecho este hombre solía decir en sus conferencias en favor de la igualdad entre blancos y negros, que fue la lucha de su vida, principalmente el inolvidable discurso para sus seguidores que pronunció en Alabama: ”He tenido un sueño, un día los niños negros y las niñas negras podrán darse la mano con las niñas blancas y los niños blancos como hermanos y hermanas. He soñado... “.

En el año en curso se ha cumplido el 40º aniversario de la muerte de Martín Luther King a manos de un asesino, un hombre de raza blanca cuyo nombre no importa, fue en el hotel de MENPHIS - TENNESSEE, dejó su vida pero acabó con la segregación y se reconocieron sus esfuerzos dándole el premio Nóbel de la paz. Mataron al soñador, pero no sus sueños, porque los sueños son inmortales, se heredan, son como la antorcha que levantan en las carreras previas a las olimpiadas y se pasa de uno a otro, va de mano en mano hasta llegar a la meta, lo importante es que llegue con éxito prescindiendo de quien sea el portador.

El día 4 del mes 4 de 1968, hace 40 años, el hotel Reichmond fue el último lugar donde estuvo vivo Luther King y como hechas para él, resuenan las palabras grabadas como fuego sobre su placa memorial.

Dicen del señor Barak Obama ,el recién elegido próximo presidente de Estados Unidos, que ha tomado la antorcha del soñador Luther King y que no habría llegado al lugar donde está sino fuera por la lucha tenaz y sacrificada del anterior. Ha sido en un tiempo que se diagnostica como de terrible crisis, quizás sin igual para una parte importantísima del mundo, acostumbrado al bienestar, y que al tomar el poder, como esfuerzo adicional, le toca enfrentarse a violencia callejera desmesurada, guetos, desempleo y abandono educacional de millones de afro americanos y clases desfavorecidas, además de otros imprevistos.

El señor Obana comienza a tocar el cielo: sus dos hijas están matriculadas en una escuela de lo más selecto de Washington, una escuela mixta, y según dicen ya está (aunque no ha empezado a gobernar) trabajando para perseguir a muerte a la gran crisis, dispuesto a crear 2,5 millones de puestos de trabajo en un plazo de hasta el 2010. Mejorar carreteras, escuelas, reducir el gasto del petróleo dando paso a energías alternativas, etc.... todo y más para salir del agujero

Mataron al soñador pero a los sueños no se les puede asesinar, cuando se van cumpliendo son un éxito, luz para la esperanza, aunque surjan graves problemas que los oscurezca, a veces con consecuencias indeseables. Aún y así no prescindamos de los sueños, son los anhelos legítimos que alimentan nuestras vidas, pero ¿son inocuos todos los sueños? ….
Lucía Vilches

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