jueves, 11 de junio de 2009

LOS POZOS DE HIELO: Su importancia de en la historia

Paseando por unas poblaciones del MARESME, en el Municipio de DOSRIUS cerca del Mar Mediterráneo lindando con MATARO, provincia de Barcelona, vi una curiosa construcción, parecida a una palloza gallega pero el doble de alta, de piedra y con su entrada, una de ellas como si fuera un pequeño pasillo o túnel de aproximadamente 3 metros de largo, cerrado por puertas y rejas. Pregunté qué era, y me contestaron que era un pozo de nieve, o nevera, para mí algo realmente desconocido, lo único que interpreto como nevera es lo que sabemos la mayoría, en versión doméstica o industrial, uno de esos aparatos enganchados a la red eléctrica, donde a veces almacenamos cosas que no somos capaces de consumir en un tiempo prudencial y que más de una vez acaban en la basura porque una tormenta nos deja sin fluido eléctrico y se nos descongelan o pierden la temperatura ideal para consumirlos con seguridad.
Hubo un tiempo, no muy lejano en que los pozos de hielo, nieve, o como también se llamaron, neveras, o neveros, eran absolutamente de tipo artesanal pero muy efectivos, su origen (antes del año 2000 a.d.c.) está en las primeras ciudades de la historia en Mesopotamia, en los inicios de la civilización, y se fueron extendiendo por todas las poblaciones mediterráneas hasta llegar a España. Trabajaban para esos pozos una gran cantidad de la población donde estaban ubicados, que eran muchas. En la época de nevadas se recogía la nieve y se llevaba con carretas a la población, o cerca de ella y se llenaban esos pozos, presionándola se convertía en hielo y se guardaba hasta que llegaba la época de verano en la que se hacían barras, o simplemente se vendía por peso a la gente en general para refrescar alimentos y bebidas, pero principalmente porque al hielo, por siglos se le ha reconocido efectos terapéuticos.
Estas neveras naturales se han hecho por todo el mundo de mil formas y materiales: aprovechando cuevas en el suelo, cavando pozos en la piedra con drenajes en el fondo, de madera, para que no se inundaran por las lluvias y se fuera el agua sobrante, directamente cavando en el suelo cubriéndola después con una construcción que tapa el pozo menos el orificio por donde se introducía la nieve y otro conducto para sacarla. Aunque la mayoría ya han desaparecido, o los lugareños han usado todo lo que se podía para sus propias construcciones rurales, aun quedan algunos de estos pozos más pequeños en sótanos de iglesias, de casas antiguas, de palacios, de bodegas. Pero los más grandes podían tener sobre 20 metros de profundidad y contener 500 toneladas de hielo, siempre orientados al norte o al levante, algunos con doble puerta para conservar mejor la temperatura y austeros, sin ornamentos, muy prácticos, su cobertura en algún caso recuerda a los iglús.
Si la nieve escaseaba, los jornaleros usaban el hielo limpio de los estanques, inundaban pequeños prados, acequias y tras la helada se transportaba a los susodichos pozos.

El uso de etas neveras tuvo 4 siglos de oro, principalmente el XIX; pero se sabe de ellos y su importancia en la sociedad desde el 3er siglo antes de Cristo. Es sabido que las ciudades, en tiempos difíciles de desórdenes civiles, donde enseguida la higiene se hace deficiente a todos los niveles, por falta de aguas limpias y servicios de limpieza, las epidemias y pandemias han estado presentes, sobre todo cuando no se tenía aún antiinflamatorios o antihemorrágicos, y cuando era más peligroso ir al hospital que quedarse en casa, entonces el hielo tenía un uso terapéutico muy importante, usándolo para preparados de recetas, fármacos o aplicación directa en heridas sangrantes, etc.
Hay un relato sobre Alejandro Magno donde dice que mandó excavar en Jordania donde aún hoy se encuentra la famosa antigua ciudad de Petra, 30 pozos neveros.
Forman parte de las civilizaciones judías y árabes, y para bien o para mal mencionan su uso Ateneo de Naucratis III siglo a.d.c., Plinio el Viejo 1er siglo a.d.c., Galeno sobre el 200 de nuestra era y muchos más historiadores.
Nos encontramos una costumbre que hoy también es común. El reparto de hielo o nieve era un servicio a la población que administraban los ayuntamientos, que a su vez eran los dueños de los pozos pero los arrendaban a empresas particulares para su explotación, por un tiempo contratado en pública subasta. Se le concedía al que más pagara y prometía mejor servicio. Toda esa actividad de reparto se realizaba en las horas nocturnas, para evitar que se derritiera. Prohibían a otros municipios vender en el suyo propio y así impedían la competencia desleal, muy interesante.
En Galicia prosperaron especialmente en los monasterios y en alguna casa señorial, pero con poca repercusión entre la población en general; todavía quedan solo restos de lo que pudieron ser estos pozos, pero en las poblaciones, entre los más viejos del lugar no hay memoria de lo que significaron en su tiempo y ni siquiera el servicio que tuvieron. Quedan leyendas, cuentos de miedo que se les contaron a los niños para que no se acercaran a estos lugares peligrosos que con el tiempo quedaron al descubierto y otros se rellenaron para impedir que el ganado cayera en ellos, pero aún y así hay una cantidad que son objeto de investigación para recuperarlos con fines culturales.
Con el invento de la primera máquina productora de hielo, a partir de la expansión súbita de un gas comprimido que baja de inmediato la temperatura, en poco tiempo las fábricas de hielo tomaron el lugar de los pozos. Se ha dicho además que hoy por el cambio climático sería imposible que se pudieran cubrir las mínimas necesidades por medio de los pozos, sería inútil buscar nieve o hielo para llenarlos. Es otra de las deudas de nuestra generación al medio ambiente.

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