jueves, 7 de octubre de 2010

DIA DEL MAESTRO. MI QUERIDO PROFESOR

MI QUERIDO PROFESOR (día del maestro)
Dos Rosas Blancas.
Hace ya varias décadas que dejé el colegio,(era el tiempo del franquismo) pero siempre me han acompañado dos imágenes, dos rostros agradables. Una mujer que cuando yo solo tenía entre 9 y trece años ella ya tendría cerca de sesenta. Una mujer con un semblante agradable, un poco gordita, canas entremezcladas en un pelo semi corto de color castaño, una mujer buena que amaba a los niños y nos trataba con respeto en un tiempo en que eso no era lo normal. Entonces había solo tres ciclos (cursos) antes de poder acceder a un puesto de trabajo que podía ser a los catorce años. Ella fue la última que me dio la primaria, lloramos abrazadas cuando me marché a un instituto (al que iba de noche mientras trabajaba de día).
Anteriormente había recibido castigos, los comunes en la época, de rodillas, cara a la pared, libros en las manos de pié delante de toda la clase, también había unas orejas de burro, aunque nunca me las pusieron, pero la mano la tuve roja y dolorida por los reglazos, yo y muchas más. Hoy, el día del maestro, le enviaría una postal con dos rosas blancas y un bello pajarito sobre un cielo azul, porque me animó a escribir y me enseñó que en la vida hay que aprender a volar para poder ver las cosas desde otra perspectiva y algo muy importante, creyó en mí. Estas palabras son un homenaje para mi querida profesora Josina .
El segundo rostro ya en el instituto, fue el del director del centro, José Comas. También era médico pediatra, el día se lo pasaba en el hospital y a partir de las siete hasta las nueve de la noche iba a la academia a darnos sus clases en forma de largas y apasionantes charlas, hoy se llamarían interactivas, en las que nos hacía preguntas y nos daba la oportunidad de equivocarnos para que cuando él exponía con la explicación correcta, nunca nos olvidáramos de la lección. Nos contaba la historia de España de una forma muy peculiar, nada convencional, como él mismo la conocía de la época anterior a ser manipulada por los cambios que España hacía no mucho tiempo, había sufrido. Además de catalán y castellano hablaba un perfecto francés, de vez en cuando nos soltaba un párrafo en tal idioma para que aviváramos el gusanillo. A todo su pequeño ejército de discípulos nos hizo un poco cómplices de sus confesiones sobre una historia de la cual él había sido testigo ocular, era muy imaginativo y nos hacía viajar por paisajes nunca vistos con sus explicaciones. Siempre decía que la educación, es mucho más que las materias a estudiar y que comprender esto era imprescindible para la identidad y salud moral de los pueblos. Era un gran hombre, de semblante franco y pícaro pero confiable, aproximadamente un metro setenta de altura, pelo muy rizado completamente blanco y entradas pronunciadas, llevaba gafas con cristales de mucho aumento, a pesar de eso no se le escapaba nada de lo que pasaba a su alrededor y tampoco le daba a ningún asunto una excesiva importancia, relajaba estar en su clase. Totalmente dedicado a los niños y a la enseñanza, sus alumnos le conocíamos, se casó con cerca de sesenta años con una compañera de carrera, la de medicina, mucho más joven que él con la que hacía una pareja preciosa, de vez en cuando le acompañaba en las clases como espectadora. Nunca olvidaré cuando le vi entrar en aquel pabellón del hospital lleno de camas con enfermos de todo tipo donde tuve que ingresar por una enfermedad que requería cirugía. Ya hacía un año que acabé de estudiar en su centro pero se enteró que estaba enferma y me hizo el mejor de los regalos, su visita. ¿Cómo se puede olvidar a profesores con ese calibre de humanidad?.
Seguro que el lector tiene sus propias historias entrañables. Deberíamos fomentar el respeto por esta raza especial de hombres y mujeres que profesan la enseñanza, y ¡que solo los que creen y valoran, eduquen!
“Cuando hay alumnos aparecen los maestros”

dosrosasblancas.blogspot.com

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