jueves, 24 de febrero de 2011

CUENTO DE LA VIDA REAL CENTRO PARA MAYORES DE ARTEIXO.

UN CUENTO PARA MAYORES (DE LA VIDA REAL)
L.VILCHES MOYA

Es muy bueno que los abuelos, en general la gente mayor, recuperen su centro de reunión, donde conversar, leer, jugar, en suma pasar el tiempo de forma agradable, quizás hasta haciendo nuevos amigos en una época de la vida donde su entorno social, su círculo de amigos de los de toda la vida, va desapareciendo poco a poco.
Hace veinte años o quizás veinticinco y ocupando ese mismo local social en su estructura antigua que aún tenía la insignia de “La Falange”, hubo una escuela infantil con dos aulas que forman parte de la historia de muchos y muchas jóvenes de Arteixo, que seguro al pasar por delante del nuevo local les trae muchos recuerdos gratos, como suelen ser los de la niñez. Dos profesoras, realmente dedicadas a los niños, Dña Carmen y Dña Mercedes, enseñaban y cuidaban a los niños y niñas, aún eran de esos colegios que olían a antiguo, a bocadillo de pan recién hecho, a lápiz, y goma de borrar. Por detrás de las aulas había un patiecito no muy grande donde se juntaban para almorzar y jugar. Mi pequeña fue una de las alumnas en ese colegio, no siempre tenía ganas de ir y para cubrir esa distancia corta que hay desde PONTE DO BA hasta el centro, tenía que inventarle cuentos. Nos parábamos en el puente del rio donde hoy hay un paseo, pero entonces ese puente se asomaba a un riachuelo enmarañado de árboles entrecruzados. Le inventaba como por en medio de la espesura, pero más lejos donde ella no podía ver estaban los leones y los elefantes, que se escondían porque la gente los querían cazar, cerca solo quedaban los pajaritos que se acercaban para darle los buenos días porque podían irse rápidamente volando. Luego, más arriba habían un árbol delante de la carpintería, era un nogal, tres ramas gruesas formaban un asiento, era “la silla de la reina” donde yo sentaba a mi princesa. Mi niña me decía” mi arbolito con “la silla de la reina” no lo van a cortar nunca ¿verdad mami? ¡No, yo no dejaré que nadie corte tu arbolito ¡ le decía. Cuando ya tuvo más gusto por el colegio me dijo algo parecido, “este es mi colegio para siempre ¿verdad mamá”? Si mi cariño, para siempre, fue la respuesta.
Hoy, aquel enmarañado de árboles, arbustos y hierba a lo largo del río, que simulaba una selva, es el paseo del río poco más o menos cuidado pero, muy diferente. “La silla de la reina “donde yo sentaba a mi princesa, una mañanita mi niña lloró porque no podía comprender que lo hubieran cortado para dar cuatro o cinco palmos cuadrados más de asfalto y que un coche pudiera aparcar más cómodamente.
También vio como cerraron su colegio, ese cole suyo que iba a ser para siempre. No recuperará más su pequeña selva donde habitaban todos los animalitos de sus fantasías. No se volverá a sentar jamás en su asiento favorito donde se sentía como pájaro en su nido.
A juzgar por los cambios, todo es posible, puede ser que dentro de quince o veinte años y si la salud acompaña, ella, mi hija, me lleve a mí, camino arriba para que yo pase mi tiempo aburrido en compañía de mis semejantes, o quizás lleve a sus futuros hijos porque un gobierno romántico y soñador (que nadie piense que eso es malo) lo convierta de vuelta en un colegio para parvulitos. Todo es posible en este mundo cambiante.
DOS ROSAS BLANCAS (http://www.dosrosasblancas.blogspot.com)

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