jueves, 27 de octubre de 2011

NO TE RESPONDO Y TE ESCRIBO

NO TE RESPONDO Y TE ESCRIBO

Tú me preguntas y yo no te respondo.
Pues del amor aun todo no se ha escrito
Siendo como es, en cada cual un grito
Una llama, una pavesa, o un rescoldo.

Yo no muero de amor, que por él vivo
Pues de tantas maneras se ha descrito
Que supera y rebasa la envoltura
De la pobre materia en la que habito.

Y si vivo de amor ¡qué gallardía!
Presumo de vivir enamorada,
De la luz que me envuelve cada día
De tus manos de seda y tu mirada.

Si hay el color, es porque en ti yo vivo,
Si hay rosas blancas en medio de la noche.
Si a la vida no le hago ni un reproche,
Es que por ti, mi paz ha renacido

Mis ajuares de encajes, blancas nubes
Velas airosas son gravitando en el cielo
La noche es un altar en la penumbra
Tu corazón, el hogar de mis desvelos.


¿No canta un pajarillo en tu ventana?
¿No escuchas del amor la melodía?
Eres miel del jardín de las delicias.
El que endulza mi pan de cada día.

¿Cómo decirte amor cuanto te quiero?
Si tú eres la voz de la alegría,
O la alondra que canta con el alba
Anunciando el calor del nuevo día.

Si me preguntas y yo no te lo digo
Cuantas veces me lo pidas, te lo escribo.

UN DIOS DE CARNE Y HUESO

UN DIOS DE CARNE Y HUESO.
Fenece la vida cuando el amor sublime
Exprime su esencia en una rosa
Y el alma entera callada se redime
Aferrándose a sus marchitas hojas.

En el olvido quedaron las ausencias
Como dormidas en un búcaro herido
Mientras se inclina la flor que tanto amo
y el fulgor sutil de lo perdido.

Surgen en su lugar flores de nieve.
Fulgen con nueva luz ansia y bravura
Y aunque la juventud se desvanezca
La ilusión de la violeta en mí perdura.

Solo soy una flor de primavera
La locura de amor de un solo día
Que deposita de semilla una quimera
Augurando en el mañana un nuevo día.

Levanto la mirada a los azules
Buscando ansiosa las rosas del regreso
Pereciendo en aras de la vida.
Pues solo soy un dios de carne y hueso.

LUCIA VILCHES

lunes, 10 de octubre de 2011

MUSICA (DEDICADO AL COMPOSITOR RUBEN SOMESO )

M U S I C A
Pinceladas que llenan de acordes los paisajes inusitados del corazón que los recorre.
Sentimientos que rebosan como fuentes de agua clara. No requiere de diccionarios, es el lenguaje de paz de los pueblos. Notas saltarinas que bailan alrededor nuestro y hacen de lo intangible un arcoíris armonioso de tonalidades sin límite.
¿Cómo describir la risa bulliciosa de un niñito? y ¿Qué mejor que la música puede recrear los recuerdos nostálgicos de nuestras leves y atropelladas vidas?
Solo la música puede pincelar las imágenes de los recuerdos añorados de nuestra niñez amada y perdida, o de nuestra adolescencia desbordada por ese amor que no reconoce razones, como un corcel sin riendas, que no requiere de aprobaciones externas porque es soberano.
La música, como aquella caravana de titiriteros, circenses que ofrecían su espectáculo, siempre uno con el que emocionar a los más pequeños. O aquella canción, comedia triste que hacía saltar las lágrimas de jóvenes y mayores, así nos hace volar en la libertad de nuestros sueños, corazones vagabundos.
Igual que aquellos seres sin patria que clamaban sus tristezas y alegrías acompasados por el pulsar de las notas de un violín firmemente acariciado por las manos del trovador, el payaso triste que por haber perdido el amor de su vida y con una sonrisa pintada en el rostro, cantaba por no llorar. Así la música relata historias y nos introduce en un mundo tan fantástico y sobrecogedor como la vida misma.

El águila vuela mansa y sus alas extendidas chasquean combatiendo contra el viento. Es música.
El bosque cruje bajo el fuego devorador. Es música.
El vaivén de las olas bajo el influjo de la luna. Es música.
El sol destella sobre las perlas de rocío y la lluvia tintinea sobre las hojas de los árboles. Es música.
Entre nota y nota, hasta el silencio tiene su música en el alma del beso.
El maestro ha captado el sentir de todos los sonidos de sus paisajes, de todas las formas animadas e inertes, del color, de la luz, de las voces del universo, de cada crujir, de cada susurro, hasta del pulsar de la sangre por las venas en el silencio de la noche, entonces, ya no es el músico el que compone, es la música la que se apodera del compositor y le hace andar por las sendas mágicas de la fantasía. Interpreta todos los paisajes, todas las vivencias y todas las formas. La arcilla del hombre se hace ángel y suenan las trompetas del amanecer de un día glorioso. Cuando esa Musa llega, el hombre ya no es dueño de sí mismo porque todo en él se hace música.
Un pacto de amor le hace estar muy cerca del corazón de la tierra y su pálpito es melodía interpretada por los instrumentos, que bajo su mano, traducen en música la vida.

A mi amigo, el compositor Rubén L. Someso, por su bella obra en C.D.)
L. Vilches Moya(escritora y poeta)