lunes, 10 de octubre de 2011

MUSICA (DEDICADO AL COMPOSITOR RUBEN SOMESO )

M U S I C A
Pinceladas que llenan de acordes los paisajes inusitados del corazón que los recorre.
Sentimientos que rebosan como fuentes de agua clara. No requiere de diccionarios, es el lenguaje de paz de los pueblos. Notas saltarinas que bailan alrededor nuestro y hacen de lo intangible un arcoíris armonioso de tonalidades sin límite.
¿Cómo describir la risa bulliciosa de un niñito? y ¿Qué mejor que la música puede recrear los recuerdos nostálgicos de nuestras leves y atropelladas vidas?
Solo la música puede pincelar las imágenes de los recuerdos añorados de nuestra niñez amada y perdida, o de nuestra adolescencia desbordada por ese amor que no reconoce razones, como un corcel sin riendas, que no requiere de aprobaciones externas porque es soberano.
La música, como aquella caravana de titiriteros, circenses que ofrecían su espectáculo, siempre uno con el que emocionar a los más pequeños. O aquella canción, comedia triste que hacía saltar las lágrimas de jóvenes y mayores, así nos hace volar en la libertad de nuestros sueños, corazones vagabundos.
Igual que aquellos seres sin patria que clamaban sus tristezas y alegrías acompasados por el pulsar de las notas de un violín firmemente acariciado por las manos del trovador, el payaso triste que por haber perdido el amor de su vida y con una sonrisa pintada en el rostro, cantaba por no llorar. Así la música relata historias y nos introduce en un mundo tan fantástico y sobrecogedor como la vida misma.

El águila vuela mansa y sus alas extendidas chasquean combatiendo contra el viento. Es música.
El bosque cruje bajo el fuego devorador. Es música.
El vaivén de las olas bajo el influjo de la luna. Es música.
El sol destella sobre las perlas de rocío y la lluvia tintinea sobre las hojas de los árboles. Es música.
Entre nota y nota, hasta el silencio tiene su música en el alma del beso.
El maestro ha captado el sentir de todos los sonidos de sus paisajes, de todas las formas animadas e inertes, del color, de la luz, de las voces del universo, de cada crujir, de cada susurro, hasta del pulsar de la sangre por las venas en el silencio de la noche, entonces, ya no es el músico el que compone, es la música la que se apodera del compositor y le hace andar por las sendas mágicas de la fantasía. Interpreta todos los paisajes, todas las vivencias y todas las formas. La arcilla del hombre se hace ángel y suenan las trompetas del amanecer de un día glorioso. Cuando esa Musa llega, el hombre ya no es dueño de sí mismo porque todo en él se hace música.
Un pacto de amor le hace estar muy cerca del corazón de la tierra y su pálpito es melodía interpretada por los instrumentos, que bajo su mano, traducen en música la vida.

A mi amigo, el compositor Rubén L. Someso, por su bella obra en C.D.)
L. Vilches Moya(escritora y poeta)

1 comentario:

Marita y Óscar Riobó dijo...

Hola Luci, no conocía al compositor a quien dedicas tus palabras, pude leer comentarios en algún periódico digital y también escuchar su música.
Hay algunas frases que utilizas sobre la música, que por sí solas solo transmiten su significado pero juntas llevan mucha fuerza, gracias Luci, besos.