lunes, 5 de octubre de 2015

COMENZÓ EL OTOÑO




COMENZÓ EL OTOÑO


      No sabemos cuánto durará este planeta gobernado estúpidamente así, entre bombas de guerras y de palabras. Pero hoy, precisamente hoy que ha salido el sol, he decidido que os voy a hablar de esas cosas sencillas y pequeñas que alegran el corazón y nos dan felicidad.

      Ha comenzado el otoño, con sus nieblas matutinas que se entretejen entre los árboles del bosque aquí, enfrente de mis ojos. Es increíble lo bello que puede resultar acercarse a la frondosidad en el frescor de la mañana y escuchar el jolgorio de los pájaros que despliegan sus alitas y vuelan alegres alrededor de sus nidos. Es bello verlos en su carrera como si se tratara de un ejército aéreo. Se acercan a mi patio para comer todas esas miguitas que mis hijas dejaron precisamente para ellos. Que ternura ver como una madre les da de comer uno a uno con su pico a la pequeña hilera de hijitos que esperan pacientes. El petirrojo solitario, en una rama espera su turno mientras nos deleita con su peculiar y claro trino.

      Me encanta pasear por los alrededores de mi casa, y ver como cuelgan las uvas, ya en sazón, de viejas viñas abandonadas en casas de piedra en ruinas. Higueras, manzanos que se asoman a los caminos por encima de vallados derruidos. Algún que otro nogal, limoneros, y ya, un poquito más adelante, donde apenas hay casas, cantidades de castaños regalando su fruto al caminante .Y esas florecillas pequeñitas al pié de los árboles, tan perfectas, lilas, amarillas, blancas, rodeadas de musgo, surgiendo de en medio de él como si de un minúsculo mundo se tratase.

      Bajo el sombrío, esos lavaderos típicos, ya en desuso, evocan épocas queridas de fotos en blanco y negro. Es tan maravilloso asomarse a las pequeñas cuevas que hacen los chorrillos de agua cuando discurriendo monte abajo dejan al descubierto enormes raíces de árboles centenarios. Cautiva escuchar el murmullo de los riachuelos que destilan la lluvia y corren por los lados del camino. Que agradable el aroma de los jazmines, las rosas, el romero mojado. El esplendor majestuoso de los macizos de hortensias y poner dos pomos con hojas en el jarrón para adornar la mesa después del paseo.

      Como ya he mencionado, hoy es un día de otoño, pero según fueron avanzando las horas, ha resultado ser uno de los últimos regalos que nos ha hecho el verano. En el atardecer, la luz anaranjada del crepúsculo te invita a mirar al cielo, y allí en lo alto, la luna más hermosa grande y espléndida de todo el año se va elevando por encima de las montañas, y entre los altos árboles trepa hasta flotar en el universo, mientras que las estrellas tímidamente la rodean eclipsadas por su esplendor.

      Estamos rodeados de un mundo que nos deslumbra con grandes cosas, inventos que nos maravillan, artilugios asombrosos. Posiblemente hasta nos frustremos porque no los podemos adquirir. Tanto si es así como si no es el caso, podemos probar a frotarnos los ojos y abrirlos de nuevo para ver que es maravilloso vivir y disfrutar del grande y maravilloso mundo de las cosas pequeñas.
   
       ¡Un gran abrazo a todos!

Lucía Vilches Moya

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