miércoles, 2 de diciembre de 2015

UNA NAVIDAD ÚNICA

UNA NAVIDAD ÚNICA (Te gustará leerlo)

         Hace muchos, muchos años, en un pueblo insignificante llamado Betlhem, en medio de los campos de Israel y con la premura de los dolores de parto, una jovencita, casi una niña, acompañada por su esposo y después de haber buscado alojamiento sin conseguirlo, se acomodó en las cálidas pajas de un pesebre donde lo más seguro es que sí hubiera alguna de las bestias que trabajaban la tierra en un rincón de aquel pesebre. Allí nació un niñito que llegó a ser el hombre más grande de todos los tiempos, el hijo de Dios.
         La gente en general estaba en la ignorancia de aquel glorioso acontecimiento. Era un día cualquiera, posiblemente de principios de otoño ya que los pastores estaban al raso cuidando a sus rebaños. Quizás alrededor de una hoguera, quien sabe si no estaban hablando de la necesidad de conseguir la liberación del yugo romano que los acribillaba con los impuestos y, como judíos que conocían Las Escrituras estaban esperando la venida del Mesías.
         Vamos a imaginarnos que la luna estaba encendida en lo alto del cielo con todo su esplendor, acompañada por un cortejo de estrellas, cuando una visión les dejó estupefactos y llenos de temor, un ángel, un embajador de las regiones celestiales les dio un saludo extraño para ellos, “No teman porque miren, les declaro buenas nuevas de un gran gozo que todo el pueblo tendrá porque les ha nacido hoy un salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David, Betlehem. Hallarán un nene envuelto en bandas de tela y acostado en un pesebre.” Después de esto una multitud de ángeles ante los ojos de los pastores alabaron a Dios con las conocidas palabras. “gloria a Dios en las alturas y en la tierra, PAZ entre los hombres de buena voluntad”. A los pastores les faltó tiempo para ir apresuradamente hasta la ciudad para ver qué era esto que se les había anunciado y, allí esa misma noche encontraron a los padres junto con el niñito. Llenos de gozo glorificaban a Dios dando a conocer a todos los que pudieron el mensaje de salvación y el medio por el cual ésta vendría según se lo dijo el ángel.
         No sabemos cuanta gente más fue a ver al niño después de la publicidad de los pastores, pero eran muchos los que esperaban la liberación, y para eso contaban con la llegada o venida del Mesías.
Ocho días después fue circuncidado, y cuarenta días después presentado en el templo como primogénito de su madre y donde ella misma ofreció un sacrificio por su purificación.
Después los astrólogos vienen del este, o sea de Oriente, eran caldeos. Había pasado suficiente tiempo como para que, como dice el relato, “el niño estaba en la casa con su madre cuando estos practicantes de magia llegaron y le rindieron honores ofreciéndole regalos dignos de un rey, incienso y mirra, pero también oro, que no les fue nada mal a José y María (los padres), cuando tuvieron que huir a Egipto para salvar la vida del pequeño Jesús perseguido por Herodes que, sintiéndose burlado, mandó matar a todos los bebes del distrito.
         Al volver de Egipto se fueron a vivir a Nazaret donde se le conoció como “el carpintero” y “el hijo del carpintero”. Luego llegó a ser Jesús de Nazaret.

         No liberó a los judíos del yugo romano como esperaban y creían los judíos que haría el “Mesías”. Predijo la destrucción de Jatusalén, que vino precisamente por los romanos, y además de cumplir la ley mosaica dio inicio a una revolución espiritual que sorprendió a la sociedad judía y dio un giro completo a la historia del mundo.

         Él fue un hombre diferente en medio de una generación judía llena de prejuicios y dogmatismo. Trató a las mujeres con dignidad, valorándolas en una sociedad machista por excelencia. Fue un gran maestro que enseñó las Escrituras existentes en su tiempo, con sencillez y claridad a toda clase de personas. Amigable con recaudadores de impuestos que eran odiados por los demás, amaba a los niños, a los huérfanos, a las viudas, a los pobres. Era piadoso con las personas adoloridas por el peso del pecado y por las enfermedades. Fue misericordioso y sensible al dolor ajeno.
         Aunque su campaña o ministerio solo duró tres años y medio, de los 30 a los 33 años, en tan solo 20 minutos dio las pautas para la buena convivencia entre toda la humanidad y para conseguir la aprobación de Dios. Lo hizo en el famoso” sermón del Monte, donde también encontramos la oración más conocida del mundo “El Padre Nuestro”. Se puede ver en Mateo, los capítulos del 5 al 7, y también en otros evangelios.
         Aquella natividad o nacimiento fue festejada tan solo por contadas personas, el grupo de ángeles, los pastores más cercanos y poco más.
        En el templo de Jerusalén, un profeta llamado Simeón y también una mujer anciana llamada Ana, que no era la madre de María sino una viuda sin hijos que servía en el templo, tan solo ellos le rindieron homenaje cuando los padres lo llevaron para presentarlo allí como era la costumbre y la ley como primogénito que era de María y José. Los parientes estaban un poco lejos, y además los judíos solo celebraban las fiestas nacionales estipuladas por la Ley, y cuando Jesús nació no se estaba celebrando ninguna, es más, no hay mención alguna siquiera de la fecha de ese nacimiento extraordinario.
         Los cristianos primitivos eran judíos o prosélitos judíos, de modo que nunca celebraron el nacimiento de Cristo porque nunca celebraron los cumpleaños. Esta celebración al estilo actual ocurrió por primera vez dentro del cuarto siglo de nuestra era y aprovechando otras celebraciones ancestrales romanas del “nacimiento del Sol Victorioso”, también llamadas Saturnales.
         Aquel día en que nació Jesucristo fue uno glorioso como posiblemente no haya habido otro igual, una natividad única, aunque fuera en la forma más humilde e íntima. Tan solo le supera en valor el día en que entregó su vida perfecta como precio salvador para todo el que así lo comprenda.
Un mundo que se llama cristiano y que posiblemente se componga de más de la tercera parte de la humanidad está haciendo preparativos para celebrar el nacimiento de un niño judío que nació justamente en la zona más caliente del planeta, y le van a dar honores de dios. Cuando ese niño fue hombre, dice la historia en el evangelio, que abrazando a los niños dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no traten de impedírselo porque el reino de los cielos pertenece a los que son así”.
        Es paradójico que se vaya a celebrar el nacimiento o NAVIDAD de un niño que siendo hombre amó tanto a los niños, ese niño que se llamó Cristo y dio origen a todas las religiones que hoy se llaman “cristianas”, y están establecidas en todos los países europeos, y son precisamente estos países los que estén reteniendo en sus fronteras hasta usando la fuerza, a miles de niños que junto a sus padres están escapando por sus vidas, de una guerra que les persigue, y claman por auxilio.
Mientras que unos festejen con dulces y champán la vida de un bebé, otros irremediablemente quizás tiriten y hasta mueran en el frío en este invierno bajo una luna de hielo delante de la mirada, quizás indiferente, de gente que le parezca ver en las noticias del día en la televisión una película más.
EUQUEL DA LUCE (L.V.M.)

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