miércoles, 9 de marzo de 2016



EL CIEGO.
Dicen que había un hombre pidiendo en la calle. Era un ciego, y junto a su lata para las limosnas tenía un cartel que posiblemente decía UNA LIMOSNA PARA ESTE POBRE CIEGO. Apenas tenía algunas monedas, y nada más. Pasó una joven por delante de él y después de leer el cartel le preguntó si le importaría que ella le cambiara un poco el escrito. El hombre aceptó y en el transcurso del día su lata se llenó de monedas. Al fin de la jornada volvió a pasar la joven y le preguntó cómo le había ido. El hombre no salía de su asombro y le preguntó a ella que, qué era lo que había escrito en el cartel. Ella le contestó LO MISMO QUE YA ESTABA ESCRITO, PERO CON OTRAS PALABRAS.
El cartel ponía. HOY HA AMANECIDO UN PRECIOSO DÍA Y YO NO LO PUEDO VER.
Con la poesía pasa lo mismo. El poeta no dice nada nuevo, ni tan extraordinario, es la forma en que lo dice y describe, lo que lo hace distinto. Por eso la poesía, toca el corazón. Y no es sin intención. porque vive en todo lugar.

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