HAY QUE VER, PARA CREER
¡Hay que ver para creer!
Repite de forma ingente,
la gente.
El edificar castillos
En el aire es de
inocentes
Pero existen espejismos
que los miramos de lejos,
Y son de aquellos
castillos
de las historias de
viejos,
Donde vivían los nobles
Bien servidos en sus
torres,
Protegidos por sus
perros,
Bien gordos y alimentados
Con el sudor de los
pobres.
A las otras almas nobles,
Tirando de nobles brutos,
Se les llamaba plebeyos.
Trabajaban cual camellos,
Fuertes como puros
robles,
Para llenar la despensa
de nobles de almas
innobles.
Buenos para la labranza,
Para edificar palacios,
Para ir de caza y de
pesca
Y llenarles los bolsillos
A aquellos hijos,... tan
nobles.
Para que zagalas bellas
Les dieran hijos
bastardos,
Que al fin y al cabo eran
ellas
Madres de los más
gallardos.
¿Quién ha visto sangre
azul
en los campos de batalla?
Solo muere la canalla,
Tierna carne de metralla,
Sin fosa y sin ataúd.
Soldado del escuadrón
Que solo lloran su falta
El padre que lo
engendrara
y la madre que lo parió.
“Un simple punto de apoyo”,
dijo Arquímides,
Y moveré el universo.
Alas de todos los versos,
De la verdad y la razón.
¡Palabra del pueblo son
esas voces que no
callan!.
Hoy la escena se repite
Con actores diferentes,
Pero tiene el sello claro
Y bien marcado en la
frente.
Ya lo dijo Jesucristo
Y sabía lo que decía:
“Que no te cause
inquietud
lo que el futuro depara
que mañana es otro día.
Nos basta con afrontar
la inquietud de cada día”,
Ese euro que acuñó
el “imperator” tirano
Devuélveselo en la mano,
y a ver qué va a hacer
ahora
sin el pan del labrador.
El tiene puesta la mesa
Pues se levanta temprano,
Y se pone a su labor.
Inventaron los antiguos
"Capirotes
penitentes"
Dónde poder ciertas
gentes
procesionar su traición,
Y balancearse al son
de los pobres que
profesan,
Cuentos que les
embelesan,
Saetas en el balcón.
Repitiendo su pregón,
la verdad van lesionando,
y a Cristo siguen
clavando
sin ninguna compasión,
¡Como si fuera cristiana
la eterna resignación!.
Tenemos la asignación
de hacer rectos los
caminos,
Y labrar nuestro destino,
es lo que Dios nos mandó.
La libertad es un don
que hay que saber
manejar,
Ser valeroso en la vida,
Hay que saber y hay que
andar,
Es mucho mejor ir solo
que dejarte manejar.
Hay que andar,
Hay que ver para creer,
Hay que saber para andar,
y vivir para saber.
No te dejes convencer
por la primera palabra,
Primero, mira quién
habla,
Puede ser,
Que adolezca de saber.
Si acaso has de decidir,
Mejor fiarte de aquel
Que la vida le enseñó.
Hay que ver para creer
Pero hay que saber vivir,
y vivir para saber,
Y aunque mucho hay que
aprender…
esta historia… se acabó. L.V.Moya.