QUE ES LA FE:
Parece ser que en el ámbito religioso y, para muchas
personas que profesan una religión, han enseñado que la fe es creer lo que no
se ve, así sin más y, que confesar lo contrario viene a ser un pecado.
Teniendo en cuenta que hay muchas, muchísimas religiones,
cada cual, con sus propias creencias e interpretaciones sobre la naturaleza
divina y las cosas invisibles a nuestros ojos esto acaba causando mucha
frustración en el corazón y la mente de personas sinceras que temen ofender a
Dios si dudan. Entonces lo más conveniente es no dejarse llevar por lo que
popularmente se ha llegado a creer y que no tiene en realidad un razonamiento
lógico ni probado
El diccionario etimológico dice sobre la palabra FE.
La palabra "fe" viene del latín fides
(lealtad). La voz fides está acompañada en latín de una extensa familia léxica:
fidere, confidere, fidelis, infidelis, perfidus, fiducia, confidens, etc. De
ahí tomamos las palabras: Fehaciente (fefaciente) - El que hace fe.
La palabra fe la tenemos incluida en muchas de las que
usamos cotidianamente. Fidelidad, fiel confidencial, confiado, y como tiene que
ver con “creencia” podemos extendernos a. Crédito, acreditar o acreditado,
creíble, creyente y, seguro que muchas más.
Podemos ver en todas
las definiciones que en ninguna de ellas nos invita a pensar que sea posible
tener fe ciega, todo lo contrario, es menester tener pruebas de esa fe. Las
pruebas no han de ser milagrosas, pero si demostraciones evidentes. Hay muchas
cosas que no vemos y no se nos ocurriría negarlas, como el viento, la fuerza de
las mareas, las auroras boreales y australes y otros fenómenos que se llaman
naturales pero que hasta no hace mucho solo se sabía que ocurrían, aunque bajo
teorías muchas veces erróneas. Con el tiempo y un conocimiento científico
probado, podemos dar fé, o creer porque tenemos ese conocimiento fidedigno, o
digno de fe lo es todo.
El apóstol cristiano Pablo le dijo a los cristianos hebreos
en el libro de Hebreos capítulo 11: versículo uno.
“La fe es la certeza de que sucederá lo que se espera, la prueba convincente de
que existen realidades que no se ven”.
Siguiendo este argumento consideramos que si por ejemplo
compramos algo, cualquier cosa porque alguien nos dice que es buena compra pero
no viene con la garantía, sabemos que es muy posible que sea una imitación sin
valor y perdamos lo que hemos dado por ello, simplemente no tenemos fe en algo
sin garantía. Esta comparación se trata de una cosa de poco valor, algo que se
paga con dinero, pero si hablamos de fe en Dios, esto ya es mas serio. La fe
ciega es credulidad y esto lleva a la decepción cuando se pone a prueba y
resulta que no se sostiene.
Sobre Dios dijo Jesús “El que no ama no conoce a Dios,
porque Dios es amor” En este texto hay un lazo muy importante entre el
conocimiento, en este caso de Dios. Cuando llegamos a conocer a alguien de
verdad llegamos a amarle, confiamos en el, o ella, no permitimos que nadie le
difame, pues justamente es lo que invita la Biblia a hacer para tener fe en
Dios. Creer que existe es lo mínimo, Pero ¿cómo es? ¿qué piensa? ¿qué espera de
nosotros? ¿se interesa por cada uno de nosotros? Las Escrituras dicen que “Dios
es amor” ¿qué evidencia tenemos de eso?. Llamamos amigo o amiga a personas que
creemos conocer y, llegamos a amarlas, tenemos fe en ellas, le somos fieles y
no permitimos que nadie las difame o mientan sobre ellas. Si lo hacemos así es
porque estamos seguros de conocerlos. Eso es fe, algo fuerte que une, es un
sentimiento de amor sincero, una amistad basada en principios morales
compartidos. Esa fe o fidelidad, es capaz de dar la vida defendiendo una verdad
inmutable y probada. A Jesucristo un hombre, le preguntó ““MAESTRO,
¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” preguntó un fariseo. Jesús le
dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma
y con toda tu mente.’ Este es el más grande y el primer mandamiento. El
segundo, semejante a él, es este: ‘Tienes que amar a tu prójimo como a ti
mismo.’ De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los Profetas.”—Mat. 22:34-40.Este
hombre que preguntó era un maestro de la ley de Dios, un fariseo que conocía
muy bien las Escrituras Sagradas. Así vemos que para amar a Dios tenemos que
tener conocimiento de él, leer en su Palabra, meditar en sus dichos y leyes,
razonarlos y, solo así podemos alcanzar la fe que nos mantiene vivos
espiritualmente y con una esperanza segura en sus promesas.
Por siglos, los críticos de la Biblia calificaron de cuentos
algunas de las historias que contiene tanto el antiguo como el nuevo testamento
(Escrituras hebreas y griegas) pero que dice hoy la ciencia y la arqueología?.