Desde la más tierna infancia a la mente humana se le estimula y se le
despierta a la vida y al entorno por medio de palabras, y poco a poco a todos
se nos ha ayudado a conectar con el mundo real, pero también con otro mundo que
fluye paralelo, el mundo de la fantasía.
El tiempo que transcurrió antes de que las vivencias, historias o
cualquier otro mensaje que se quisiese comunicar tenía que hacerse
obligatoriamente de forma oral por la falta de tener aún disponible un lenguaje escrito, la
fantasía se desbordó con lo cual lo que en un principio era fiable por la
cercanía de los contenidos de los relatos, con el tiempo fue deformándose hasta
que íntegramente llegó a formar parte del gran bloque de cuentos mitos y
leyendas, que tenían como base aquellas verdades fundamentales.
Y es que la fantasía humana no tiene límites, tanto para la mente que
la concibe como para quien o quienes las reciben. Al final podemos ver una
coincidencia común en el trasfondo, desde donde hemos de separar el trigo de la
paja. Tarea que hemos podido poco a poco hacer a partir de los registros
escritos posteriores, tanto de lo que llamamos historia probada como de lo fantasioso
o fantástico.
Una vez que escuchamos se capta nuestra atención, si no lo podemos
leer lo queremos volver a escuchar. Ahí el relatador nos sorprende con algo
nuevo. Luego lo queremos leer, y así ocurre desde que fuimos niños y ha sido
así desde el principio de los tiempos.
Esa es la primera conexión con el mundo de los libros, y descubrir
cómo se hacen o se crean los cuentos, historias, relatos, novelas, etc. Es muy
interesante
Primero hablemos sobre los sueños. Dicen que sin los sueños es
imposible vivir, y hasta se ha oído decir que si dejamos de soñar podríamos
morir. Lo cierto es que todos soñamos, o tenemos ensoñaciones. Posiblemente
hasta los animales sueñan. Los bebés sueñan, hacen muecas, sonríen o lloran
mientras duermen. Pueden ser sensaciones, a veces muy fuertes que sobresaltan
el ánimo, o pueden ser imágenes, paisajes, personas, conversaciones, etc.
Aunque el sueño, o sea, dormir, es en sí mismo reparador de la energía
perdida durante las actividades diarias, también se le llama sueño, soñar, o
ensoñación a esas imágenes que crean nuestra mente mientas dormimos. Esos
sueños son el recurso que tiene el
cerebro para seguir activo. Así, de día la mente se agota, y de noche mientras
se duerme, es como si se recargar de nuevo y se llenase de energía.
Las vivencias cotidianas nos
van impactando durante el día hasta sin darnos cuenta, pero lo hacen deformadas
o moldeadas por nuestra mente creando el mundo de los sueños.
Si las vivencias son bonitas,
buenas y agradables aparecen historias que nos agradan y hasta nos sorprenden
en la noche, a veces quisiéramos seguir soñando porque ni nosotros sabemos el
desarrollo final, pero si han sido desagradables se pueden convertir en
pesadillas, de las que quieres salir rápidamente y a veces lo consigues. De ahí
la importancia de crear alrededor de nosotros y de los niños, sobre todo, un
entorno feliz que facilite un sueño reparador y sin sobresaltos.
Así podríamos decir que los
sueños son el punto de encuentro donde se citan la realidad y la fantasía, de
donde parten muchas de las historias que inventamos y creamos después, con un
poco de realidad, un poco de fantasía y un mucho de imaginación. Sin embargo,
esto último, a saber, la imaginación, hay que alentarla promoverla o
estimularla. ¡Cómo?, Añadiendo paisajes, personajes, diálogos, escuchando,
leyendo, y poco a poco se le va dando vida a todo esto que está en nuestra
mente, y se ponen por escrito en forma de fábulas, cuentos o historias, a veces
disfrazadas pero interesantes que cautivan al lector, despertando su
imaginación e iniciando de nuevo el proceso de los sueños o ensoñación del
oyente.
Novelas, cuentos, poemas,
nacieron así y pertenecen a ese mundo fantástico.
Los libros de las bibliotecas,
librerías y los que tenemos en nuestros hogares, están repletos de mundos maravillosos y
llenos de personajes entrañables que seguirán viviendo por la eternidad,
mientras los leamos y los recordemos.