LA NUEVA NORMALIDAD
Está muy bonita esta frase, pero el hombre que fue será tal cual, y el que era mental así seguirá, y el que era carnal o material, pues será lo mismo, porque hay una enfermedad muy difícil, si no imposible de curar. AMNESIA SELECTIVA en cuanto pase lo peor de esta pandemia, que se divisa muy lejos, lo viejo tomará de nuevo su lugar, cada cual vuelve o volverá de nuevo a su bondad o a su maldad y la rutina se apoderará, porque estaba ahí grabada a fuego en la mente y el corazón. La mayoría no van, o no vamos a aprender nada. Aunque unos cuantos recapaciten o recapacitemos, el mundo intentará volver a su afán por las riquezas, que ahora no sirven para nada, el prestigio, el poder, la agresión al planeta, que como vemos está mejorando, aunque no mucho. Esto no es cosa de unos días o meses, la desconfianza va a seguir creciendo. ¿Qué se aprendió de las plagas del pasado? Absolutamente nada. No hay ser humano en el mundo que enderece lo que nació torcido y las consecuencias son evidentes.
Un grupo nutrido de personas valerosas, aunque siempre pocas para cubrir las necesidades, siguen luchando por nosotros, por nuestra salud con peligro inminente para ellos. Toda la comunidad de sanitarios está ahí, haciendo su trabajo. Los de bomberos, la policía, los transportistas de alimentos. Todos los que obligatoriamente por su trabajo están en contacto con la población en general, como empleados de áreas de alimentación. Conductores de transporte público, taxistas.
Desde los gobiernos sigue la lucha por el poder y es por eso por lo que el peligro por la degradación de la economía va por delante de la salud y la vida. Por un lado, cada vez mas confinamientos en poblaciones enteras, barrios y ciudades, pero que no se deje de ir a trabajar, aunque sea en metros atestados de gente donde se hace imposible el distanciamiento de peligrosidad. Si vas en coche, solo o acompañado, necesitas un “visado” que acredite que lo haces por una razón “legal” Ir a trabajar, al hospital. Si es para comprar alimentos, has de hacerlo en el barrio. Hay bastante incoherencia, por tanto, queda a nuestro criterio cuidarnos, por nuestro bien, el de los nuestros y de los demás. Luego te asomas a ver las noticias donde aparecen imágenes de manifestaciones multitudinarias contra la realidad de la pandemia, contra el paro, contra el cierre de empresas. Eso debe formar parte de “la nueva normalidad” o sea, lo mismo, pero con mascarillas y amontonados como antes
Cuando vuelva la normalidad, si es que vuelve, nos daremos cuenta de que nunca existió la llamada “Nueva Normalidad” porque nunca se puede llamar “normal” a algo tan cambiante como lo que estamos viviendo.
Añoro salir sin miedo por la calle. Sin miedo a los que se me ponen detrás cuando estoy comprando, a los que se me cruzan con la mascarilla por debajo de la nariz o a los que simplemente no la llevan porque, ¿para qué van a ponérsela si ya la llevo yo? Añoro pasear por la ciudad de La Coruña, como lo hacía antes, aunque sea una vez por semana, mirar los escaparates, levantar la vista al precioso cielo azul en un día soleado, o disfrutar de la lluvia mansa. Saludar a los amigos o conocidos con una sonrisa compartida sin tener que mirarle fijamente para determinar si realmente es quien pienso. Pararnos en un bar de tapas , porque nunca voy sola, para disfrutar más y mejor del día. Asomarme al puerto y admirar el mar y sus barcos grandes y pequeños llenos de colorido. Pararme a escuchar a los que amenizan las calles con su música, violín, guitarra, o con su voz, o también caminar por el paseo de Riazor y contemplar esa playa tan bonita. Muchos dirán que en “la nueva normalidad” también lo puedo hacer, pero no me apetece, porque no tiene nada que ver, me siento como un preso con permiso carcelario con un policía detrás para limitar los movimientos, así que me quedo en casa, cocinando, leyendo, escribiendo, comentando con los amigos y, en el silencio de las horas de la noche, cuando me quedo sin sueño a las tres horas de acostarme, me asomo a la “Biblia en línea” y leo, leo sus preciosas y emocionantes historias,hasta que me vence el sueño, y hora y media o dos horas antes de la hora oficial de levantarme, me vuelvo a acostar y duermo esas casi dos horitas más. Poco más o menos así es mi vida. No me quejo, solo lo narro. Un saludo afectuoso a todos.