domingo, 14 de septiembre de 2025
DE CRISTO A ROMA. UNA HISTORIA DE APOSTASIAS HASTA HOY
DE CRISTO HASTA ROMA UNA HISTORIA DE APOSTASÍA
El cristianismo puro pregonado, predicado y preconizado por los apóstoles e instaurado por Cristo, en un principio judío, pero luego y según dicen las Escrituras Sagradas también llegó a ser un movimiento internacional proyectado hacia gentiles, o sea, a gentes de todas las naciones no judías que escucharon y muchos de ellos dedicaron sus vidas al mensaje de Cristo, este mensaje fue uno que rápidamente se extendió por todo lugar del imperio romano.
LA APOSTASÍA DEL JUDAISMO CORROMPIDO:
El idioma griego en el primer siglo era la lengua internacional o universal por medio de la cual los nuevos creyentes llenaron el mundo con aquel mensaje de paz del mesías judío que nació en un pequeño pueblo de Israel llamado Belén, como estaba predicho, y que se crio en un barrio pobre de nombre Nazaret. En el tiempo de Jesús, aunque muchos eran fieles a la Palabra y esperaban al Mesías y buscaban en las profecías todo lo referente a su llegada, lo cierto es que los líderes religiosos ya habían vendido parte de la adoración pura a cambio de costumbres religiosas paganas, muy conveniente para no perder su estado social, porque después de todo eran vasallos de Roma, y eso les acercaban bastante al griego y sus costumbres.
Cristo llega, este movimiento religioso que revolucionó el mundo de su tiempo anunciando un Reino celestial bajo un solo Dios entre naciones que adoraban cientos de dioses, tuvo un gran impacto, no solo entre el pueblo sino también entre filósofos y sabios de la cultura greco romana y judía. Ese fuego ya era imparable, pero hay que decir que, por tener sus raíces en la religión judía, todos los primeros fieles de la nueva fe fueron considerados “apóstatas” del judaísmo, y también se le llamó “secta”
LA APOSTASÍA DEL CRISTIANISMO.
Apenas habían pasado unos años que ya existían diversidad de opiniones en las congregaciones o iglesias llamadas cristianas ,que primero enraizaron en las sinagogas, lugares de reunión, de lectura e interpretación de “la ley” de los judíos esparcidos por todo lugar desde la primera destrucción de Jerusalén 607 A d C .Después el cristianismo se proyectó alrededor en las más lejanas provincias romanas conquistadas. Hubo diversidad de opiniones que se balanceaban entre las nuevas enseñanzas de Cristo y las antiguas enseñanzas judías llenas de tradiciones. Los judaizantes querían seguir con sus costumbres y ritos de la ley mosaica, eso sí, incluyendo a Jesucristo, por eso algunos de ellos principalmente los que vivían en Jerusalén seguían yendo al templo y hacían sus votos a la usanza judía. Una de las causas quizás fue salvar las apariencias y vivir en una relativa paz. Según se fue extendiendo la nueva religión, los cristianos, primero se reunían, como ya dijimos, en las sinagogas de los judíos que estaban extendidas por todas partes del imperio y que eran muchísimas. Fue en estos centros donde fructificó el mensaje de Cristo que exponían los que llevaban su apostolado por tierras e islas del mar. No les fue nada fácil puesto que arrostraron persecución, odio, palizas, prisión, difamación y como dice el apóstol Pablo “peligros por los caminos, peligros en el mar, peligros con falsos hermanos”. Algunos de estos falsos hermanos eran o habían sido jefes de las sinagogas, que después de aceptar a Cristo no respetaban a los misioneros apostólicos y arrastraban a otros tras de sí, y fue así como comenzó la apostasía del cristianismo puro. A estos disidentes de la nueva fe que venían del judaísmo las Escrituras en boca de Pablo les llama “apóstoles superfinos” y “el hombre del desafuero”. El apóstol Pablo, un hombre de gran cultura y fuerte carácter, después de ir de aquí para allá predicando y enseñando, fue echado en prisión varias veces, llegó hasta Roma donde se le enjuició por segunda vez, esta, supuestamente por ir contra el Cesar Nerón, y fue ajusticiado (asesinado) unos años antes de la 2ª destrucción de Jerusalén por el ejército Romano bajo el mando del general Tito en el 70 e.c. A partir de ese momento las congregaciones cristianas quedaron bastante huérfanas. De los doce apóstoles, parece ser que solo quedaba Juan, que era el más joven de los once, y lo último que se sabe de él es que ya cuando tenía cerca de cien años de edad, escribió, primero el libro de Apocalipsis, donde se incluyen cartas a las congregaciones o iglesias de su día. Una visión del tiempo del fin del mundo, el cabalgar de los jinetes del apocalipsis y del juicio divino, y el establecimiento del Reino de Dios por Cristo. También escribió las tres epístolas o cartas, primera segunda y tercera de Juan, para todos los cristianos de las congregaciones y por último el evangelio que lleva también su nombre.
A partir de la muerte del apóstol Juan se comenzó a cumplir de forma significativa la profecía de Pablo. “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos... entrarán en su grupo y como lobos salvajes tratarán de destruir el rebaño.” BLP. Es cierto que los fieles cristianos fueron perseguidos, se levantaron muchas acusaciones falsas contra ellos y algunos murieron en las arenas de los circos romanos enfrentados a fieras como espectáculo popular por el simple hecho de no quemar incienso ante la imagen de César. Estos cristianos que seguían la enseñanza pura de Jesucristo consideraban que hacer ese acto de entrega al emperador, al cual se le consideraba un dios, era idolatría y era comparable a negar a Dios y a Cristo su rey. Los tiempos pasaron y el imperio se llenó de personas que se confesaban cristianos. Cada vez menos de ellos conservaban la pureza de las enseñanzas de Cristo, pero otros muchos más se habían deslizado a las costumbres populares paganas del Imperio, a la idolatría, al nacionalismo, y aunque los jóvenes de entre ellos no se alistaban en el ejército sí que muchos del ejército se declaraban cristianos sin dejar de ser soldados, de manera que andaban entre dos opiniones. El imperio romano llegó a ser un caos de enfrentamientos, con varios césares y augustos a la vez, guerras por el poder y muchas divisiones, también de índole religiosa con todo un gran panteón de dioses. En vista de que llegaron a haber tantas personas que se identificaban como cristianas, respetuosas con la ley y obedientes al gobierno, pacíficas, con un código moral envidiable en un imperio absolutamente decadente, aunque había en Roma bastantes libertades, no era así con la libertad de culto o religiosa. El emperador Constantino vio la solución a muchos problemas a los que se enfrentaba, esta solución pasó por el Concilio de Nicea. Convocó a “obispos” del cristianismo ya deteriorado y después de acordar la consideración de identificar a Dios en la persona de Cristo y firmar ese acuerdo se les dio cierta liberad reconociéndolos y tolerándolos. No fue sino hasta el año 380 bajo el poder del emperador romano de Oriente Teodosio, que firmó en presencia del emperador romano de Occidente Valentiniano y su cogobernante medio hermano Graciano un decreto con el que declaró al cristianismo religión del Estado y estipuló un castigo a quienes practicaran cultos paganos. Cambiaron las tornas, ahora un cristianismo apóstata fue utilizado por el gobierno en el poder y podemos ver como El decreto “Cunctos populos”, concedía no sólo un lugar preponderante al llamado cristianismo, sino que también suponía la persecución contra quienes practicaran otra religión o culto, y persiguiendo a quien no se declarase cristiano. De ese modo pasaron de ser perseguidos a perseguidores y se constituyó el Sacro Imperio Romano, y la religión conocida desde ese siglo como Católica Apostólica Romana. El resto de la historia, sus guerras santas, inquisiciones, crímenes y “juicios en el nombre de Dios” ya la conocemos. ¿Qué fue del cristianismo puro? ¿Siguió creciendo entre la cizaña o mala hierba como predijo Cristo? Por supuesto que sí, pero esto ya es otra historia.
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