UNA NAVIDAD ÚNICA Y DIFERENTE (Una
historia de la vida real)
...
Hace unos 2018 o 2020 años, en un pueblo insignificante llamado Betlhem, en
medio de los campos de Israel y con la premura de los dolores de parto, una
jovencita, casi una niña, acompañada por su esposo y después de haber buscado
alojamiento sin conseguirlo. Por la bondad de algún vecino de Belén. Se
acomodaron las cálidas pajas de un pesebre dentro del establo, donde lo más
seguro es que sí hubiera alguna de las bestias que trabajaban la tierra en un
rincón de aquel establo. Allí nació un niñito que llegó a ser el hombre más grande
de todos los tiempos, el hijo de Dios.
La gente en general estaba en la ignorancia de aquel glorioso acontecimiento.
Era un día cualquiera, posiblemente de principios de otoño ya que los pastores
estaban al raso cuidando a sus rebaños. Quizás alrededor de una hoguera, quien
sabe si no estaban hablando de la necesidad de conseguir la liberación del yugo
romano que los acribillaba con los impuestos y, como judíos que conocían Las
Escrituras estaban esperando la venida del Mesías.
Vamos a imaginarnos que la luna estaba encendida en lo alto del cielo con todo
su esplendor, acompañada por un cortejo de estrellas cuando una visión les dejó
estupefactos y llenos de temor. Un ángel, un embajador de las regiones
celestiales les dio un saludo extraño para ellos, “No teman porque miren, les
declaro buenas nuevas de un gran gozo que todo el pueblo tendrá porque les ha
nacido hoy un salvador, que es Cristo el Señor, en la ciudad de David,
Betlehem. Hallarán un nene envuelto en bandas de tela y acostado en un pesebre.”(
Pesebre es el comedero de las bestias que trabajan el campo, que lo aderezaron
para acoger al bebé). Después del anuncio, una multitud de ángeles ante los
ojos de los pastores alabaron a Dios con las conocidas palabras. “Gloria a Dios
en las alturas y en la tierra, PAZ entre los hombres de buena voluntad”.
A los pastores les faltó tiempo para ir apresuradamente hasta la ciudad para
ver qué era esto que se les había anunciado y, allí esa misma noche encontraron
a los padres junto con el niñito. Llenos de gozo glorificaban a Dios dando a
conocer a todos los que pudieron el mensaje de ese nacimiento. el cuál sería el
medio por el que vendría la salvación tan esperada y anunciada por el ángel y
también por los profetas.
No sabemos cuanta gente más fue a ver al niño después de la publicidad de los
pastores, pero eran muchos los que esperaban la liberación, y para eso tenían
que contar con la llegada o venida del Mesías.
Ocho días después fue circuncidado, y cuarenta días después presentado en el
templo como primogénito de su madre y donde ella misma ofreció un sacrificio
por su purificación o limpieza.
Después los astrólogos vienen del este, o sea de Oriente eran caldeos y había
pasado suficiente tiempo como para que, cuando llegaron hasta él y después de
haberlo buscado en el palacio de Herodes, como nos dice el relato, “el niño
estaba en la casa con su madre cuando estos estos hombres abnegados llegaron y
le rindieron honores, ofreciéndole regalos dignos de un rey, incienso y mirra,
pero también oro, que no les fue nada mal a José y María, los padres, cuando
tuvieron que huir a Egipto para salvar la vida del pequeño Jesús perseguido por
Herodes que, sintiéndose amenazado como rey por un niño que por linaje había
nacido rey, y a la vez sintiéndose burlado por los magos astrólogos, mandó
matar sin compasión a todos los bebes del distrito de menos de dos años.
Herodes era un hombre ambicioso e inmoral. sospechaba de todos y eso le llevo a
asesinar también a su propia esposa y tres de sus hijos, su cuñado y el abuelo
de la esposa, algunos de sus mejores amigos y cuantos más. Lo suyo era una
locura por el poder.
Poco después del éxodo a Egipto de José, María y el niño, murió Herodes y
pudieron volver, pero ya no a Judea porque comenzó a reinar Arquelao, otro hijo
de herodes tan despiadado y cruel como su padre. Al volver a la tierra de
Israel se fueron a vivir a Nazaret, donde permaneció la mayor parte de su vida,
y donde se le conoció como “el carpintero” y “el hijo del carpintero”, oficio
que aprendió de José
Al cumplir los 30 años, que era la mayoría de edad para los judíos, comenzó su
ministerio u obra encomendada, y se le conoció como Jesús de Nazaret.
No liberó al pueblo del yugo romano como esperaban y creían los judíos que
haría el “Mesías”. Predijo la destrucción de Jerusalén, que vino precisamente
por los romanos en el 70 de nuestra era, y además de cumplir la ley mosaica dio
inicio a una revolución espiritual que sorprendió a la sociedad judía y dio un
giro completo a la historia del mundo.
Él fue un hombre diferente en medio de una generación judía llena de prejuicios
y dogmatismo. Trató a las mujeres con dignidad, respeto y afecto, valorándolas
en una sociedad machista por excelencia. Fue un gran maestro que enseñó las
Escrituras existentes en su tiempo, o sea, las hebreas, con sencillez y
claridad a toda clase de personas. Amigable con recaudadores de impuestos que
eran odiados por los demás, amaba a los niños, a los huérfanos, a las viudas, a
los pobres. Consoló a todos los que sentían necesidad espiritual y les dio a
conocer la esperanza y voluntad de su Padre celestial. Era piadoso con las
personas adoloridas por el peso del pecado y por las enfermedades. Fue
misericordioso y sensible al dolor ajeno.
Aunque su campaña o ministerio solo duró tres años y medio, de los 30 a los 33
años, en tan solo 20 minutos dio las pautas para la buena convivencia entre
toda la humanidad y para conseguir la aprobación de Dios. Lo hizo en el famoso”
Sermón del Monte, donde también encontramos la oración más conocida del mundo
“El Padre Nuestro”. Se puede leer en Mateo, los capítulos del 5 al 7, y también
en otros evangelios.
Aquella navidad, natividad o nacimiento fue festejada tan solo por contadas
personas, sus padres, el grupo de ángeles, los pastores más cercanos y poco
más.
En el templo de Jerusalén, un profeta llamado Simeón y también una mujer
anciana llamada Ana, que no era la madre de María sino una viuda sin hijos que
servía en el templo, tan solo ellos le rindieron homenaje cuando los padres lo
llevaron para presentarlo allí como era la costumbre y la ley, como primogénito
que era de María y José. Los parientes estaban un poco lejos, y además los
judíos solo celebraban las fiestas nacionales estipuladas por la Ley, y cuando
Jesús nació no se estaba celebrando ninguna, es más, no hay mención alguna
siquiera de la fecha de ese nacimiento extraordinario.
Los cristianos primitivos eran judíos o prosélitos judíos, de modo que nunca
celebraron el nacimiento de Cristo porque nunca celebraron los cumpleaños. Esta
celebración al estilo actual ocurrió por primera vez dentro del cuarto siglo de
nuestra era y aprovechando otras celebraciones ancestrales paganas romanas del
“nacimiento del Sol Victorioso”, también llamadas Saturnales.
Aquel día en que nació Jesucristo fue uno glorioso como posiblemente no haya
habido otro igual. Una natividad
única, aunque fuera en la forma más humilde e íntima. Tan solo le supera en
valor el día en que entregó su vida perfecta como precio salvador para todo el
que así lo comprenda.
Un mundo que se llama cristiano y que posiblemente se componga de más de la
tercera parte de la humanidad está haciendo preparativos para celebrar el
nacimiento de un niño judío que nació justamente en una de las zonas más
calientes del planeta, y le van a dar honores de dios. Cuando ese niño fue
hombre, dice la historia en el evangelio, que abrazando a los niños dijo:
“Dejen que los niños se acerquen a mí y no traten de impedírselo porque el
reino de los cielos pertenece a los que son así”.
LA PARADOJA:
Es paradójico que se vaya a celebrar el nacimiento o NAVIDAD de un niño que
siendo hombre amó tanto a los niños. Ese niño que fue, se llamó Cristo y en su
vida adulta con su mensaje dio origen a todas las religiones que hoy se llaman
“cristianas”, y están establecidas en todos los países europeos, y en muchas
partes del mundo y son precisamente estos países los que estén reteniendo en
sus fronteras y mantienen acinados hasta usando la fuerza, a miles de niños que
junto a sus padres están escapando por sus vidas, malviviendo fuera de su pais
como tuvieron que hacer María y José con
Jesús bebé. Hoy por unas guerras que les
persiguen, por el hambre y por la miseria, y claman por auxilio, pero este
mundo es sordo a su clamor por auxilio, están ocupados.
Mientras que unos festejen y rememoran con dulces y champán el nacimiento de un
bebé, otros irremediablemente quizás tiriten y hasta mueran en el frío en pleno
invierno bajo una luna de hielo y unas tiendas de tela, delante de la mirada
indiferente, de gentes que les parezca ver en las noticias del día o en la
televisión una película más.
Lucía Vilches Moya