CADA DIA.
Crujen las hojas bajo
los pies del hombre que con un paso cansado y lento, por el camino ancho
bordeado por una entretejida arboleda casi desposeída de hojas por el otoño, las que todavía quedan
prendidas de las ramas, relucen como pintadas a ráfagas de ocre anaranjado, esos
tonos maravillosos propiciados por la
luz lánguida del sol que decae en su ocaso.
El hombre que camina cansado y sin prisa conoce tan bien el trayecto que
podría cerrar sus pesados párpados
cansados mientras sigue avanzando por el camino que se prolonga por el arco de
árboles que delinean a izquierda y derecha como un arco triunfal de madera
viva,, le espera su casa y el calor del hogar que le abre sus puertas y le ofrece al hombre que regresa del trabajo su
reposo después de la ardua tarea diaria. Ningún palacio le podría ofrecer nada
comparable Los pies hacen y deshacen el
camino cada día desgastando la suela a la par que la vida, esa vida que no se detiene
en la rutina diaria, en una sola dirección. Camino hacia adelante, que pasa sin
mirar atrás, hora tras hora, día tras día.
Su recompensa está en la satisfacción de proveer a sus amados lo
necesario para el sostén de cada día, pan recién horneado un techo y un lecho. Para él, también una cama mullida
para reponer las fuerzas.
Un rayo de luna entra por su ventana mientras
se duerme .
Amanece con el trinar
de los pájaros y el sol en sus albores proyecta una larga sombra, es la figura
del hombre que camina, casi por las mismas huellas de ayer. Un surco en la
senda y una sola dirección en la que debe andar. En su ida y regreso, siempre
adelante, CADA DÍA, tanto en su ida como en su regreso . ¡Siempre Adelante! CADA DIA.
L.V.M.
L.V.M.
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