NOS VIGILAN.
Presiento que me vigilan. Estamos controlados, identificados. Saben exactamente donde estamos. Hasta el teléfono móvil nos delata. Pronto nos obligarán a poner un chip bajo la piel como con las mascotas, quieren saber hacia dónde vamos y qué hacemos. Cuando eso ocurra, más pronto que tarde, lo harán con la excusa de protegernos. Vivimos anclados a una casa, un coche, un trabajo, una profesión.penden de un hilo para sobrevivir. Asfalto, pasos peatonales, pasos cebra, semáforos, cientos de personas cruzándose, desconocidos que se rozan sin mirarse, llegamos a un edificio de plantas, subimos a un ascensor, solos o solas, tememos al asalto, entramos directamente a esa vivienda colmenera y no conocemos a los que viven debajo o encima de nuestro techo.
Somos los modernos esclavos de este sistema caduco a punto de perecer inundado de cosas inútiles, riquezas efímeras de ningún valor, nos inunda la basura. Vivimos un engaño que se precipita en el abismo de la miseria, de la escasez del tiempo y además expuestos al robo de todo, incluyendo nuestra propia identidad, nuestra espontaneidad y personalidad. Somos seres desconocidos en un mundo raro. Nos hundimos en un suelo inestable parecido al permafrost polar, esa capa de hielo milenario que ha sustentado el eje del planeta y que se está convirtiendo en un gel apestoso y peligroso de agua vieja y putrefacta. No exagero, es la verdad Desde allí se desmoronan los hielos eternos inundando el mundo y bajo los pies de la avaricia y la avidez se arrancan de cuajo las preciosas gemas que adornan ocultas este maravilloso planeta. Se desvalija el subsuelo de su oro, diamantes esmeraldas y todo aquello que brilla y puede resultar en riquezas acumulables para unos cuantos, y para conseguirlo además de la explotación obrera se contaminan de forma irreversible no solo la tierra sino también mares ríos y todos los acuíferos esenciales para la vida humana y animal. Se secuestran las riquezas naturales a cambio de baratijas pagadas con un mísero sueldo que se les entrega a estos obreros esforzados para que cubran las necesidades esenciales de comer y beber agua limpia comprada, apenas unos días, luego…miseria destrucción y ruina, contaminación y hambre.
Presiento que me vigilan. Estamos controlados, identificados. Saben exactamente donde estamos. Hasta el teléfono móvil nos delata. Pronto nos obligarán a poner un chip bajo la piel como con las mascotas, quieren saber hacia dónde vamos y qué hacemos. Cuando eso ocurra, más pronto que tarde, lo harán con la excusa de protegernos. Vivimos anclados a una casa, un coche, un trabajo, una profesión.
Somos los modernos esclavos de este sistema caduco a punto de perecer inundado de cosas inútiles, riquezas efímeras de ningún valor, nos inunda la basura. Vivimos un engaño que se precipita en el abismo de la miseria, de la escasez del tiempo y además expuestos al robo de todo, incluyendo nuestra propia identidad, nuestra espontaneidad y personalidad. Somos seres desconocidos en un mundo raro. Nos hundimos en un suelo inestable parecido al permafrost polar, esa capa de hielo milenario que ha sustentado el eje del planeta y que se está convirtiendo en un gel apestoso y peligroso de agua vieja y putrefacta. No exagero, es la verdad Desde allí se desmoronan los hielos eternos inundando el mundo y bajo los pies de la avaricia y la avidez se arrancan de cuajo las preciosas gemas que adornan ocultas este maravilloso planeta. Se desvalija el subsuelo de su oro, diamantes esmeraldas y todo aquello que brilla y puede resultar en riquezas acumulables para unos cuantos, y para conseguirlo además de la explotación obrera se contaminan de forma irreversible no solo la tierra sino también mares ríos y todos los acuíferos esenciales para la vida humana y animal. Se secuestran las riquezas naturales a cambio de baratijas pagadas con un mísero sueldo que se les entrega a estos obreros esforzados para que cubran las necesidades esenciales de comer y beber agua limpia comprada, apenas unos días, luego…miseria destrucción y ruina, contaminación y hambre.
Mientras tanto dioses mortales y mortíferos, en sus pedestales pelean por liderar la obediencia incondicional de los pueblos, sobre todo esos, los más descontentos, que buscan milagros en los oráculos mentirosos en los horóscopos de cielos inexistentes. Necesitamos espacio, aire y agua limpia, vivir sin miedos. Estamos controlados, necesitan nuestro " grano" de poder, y siento que me vigilan hasta aquí mismo, en la mesa de mi escritorio.
L.V.M.
L.V.M.
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